Hay una antigua superstición occidental según la cual las piedras permanecen mientras nosotros envejecemos. Quizá algunas pinturas existan precisamente para desmentir ese consuelo. Nada permanece. Tampoco las montañas. Tampoco el cuerpo. Mucho menos la memoria.
Si Heráclito creyó que nadie descendía dos veces al mismo río, Gilles Deleuze sospechó después que el devenir no consistía en ir de un estado hacia otro sino en habitar el intervalo donde toda identidad comienza a disolverse en ese territorio donde la forma todavía recuerda aquello que acaba de dejar de ser.
Todo lo cual como píedra de toque a la obra de la dominicano peruana Yiriane Kahn (1985), que no pinta paisajes, pinta la erosión del paisaje sobre quien lo contempla.

El cemento deja entonces de pertenecer a la arquitectura para ingresar en la biología. La seda abandona la historia del vestido y comienza a respirar como una membrana del tiempo. La resina no conserva objetos, fosiliza instantes. Incluso el vacío adquiere espesor, como si Georges Didi-Huberman tuviera razón al sugerir que toda imagen importante es también la supervivencia de otra imagen anterior que insiste en regresar bajo una forma distinta.
Porque si estamos de acuerdo con Jean-Luc Nancy, “un cuerpo nunca termina en su propia piel”, las obras de Kahn deberán extenderse más allá de sus límites materiales. Continúan ocurriendo dentro del espectador modificando lentamente su manera de comprender el territorio. Borrando las diferencias entre montaña y cicatriz. Entre cartografía y recuerdo. Entre materia y experiencia.

Quizá por ello esta exposición renuncia a la representación para acercarse a lo que Gaston Bachelard llamaba ‘la imaginación material’, ese momento en que la sustancia deja de ser soporte y comienza a pensar. Aquí la piedra piensa. La seda piensa. Incluso el silencio desarrolla una inteligencia mineral.
De modo que la verdad que emerge no pertenece al orden de las ideas, sino al de las mutaciones. La materia también recuerda. Y acaso ese sea el verdadero nombre del devenir.
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Lugar: La Galería.
Dirección: Conde de la Monclova 255 - San Isidro.
Fechas: Hasta el 8 de agosto.
Horario: De lunes a viernes de 11 a 7 p.m. Sábados de 3 a 7 p.m.